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Psicología, Bienestar, crecimiento y desarrollo personal

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Movimiento, vitalidad y bienestar

 
 
 
 

Cuando irradiamos vitalidad, nuestros ojos brillan, nuestra voz transmite más entusiasmo y nuestro cuerpo desprende una energía especial. Estamos más alegres y nos reímos más.

Todos, al margen de nuestros intereses y actividades, en algún momento de nuestra vida hemos experimentado vitalidad. Es algo que cuesta olvidar.

Cuando te enamoras irradias energía, cuando surge el trabajo de tus sueños, cuando te superas a ti mismo, en caso de que practiques algún deporte.

O como mínimo en nuestra infancia, momento en el que nuestro cerebro está siempre generando nueva información, desarrollando nuevas conexiones neuronales y formando nuevos patrones.

¿Qué ha sucedido para que disminuyera esa vitalidad?

Cuando llegamos a cierto grado de desarrollo, la mayoría de nosotros dejamos de proporcionar al cerebro aquello que necesita para generar nuevas posibilidades. Entonces o se vuelve más lento, o bien deja de crear conexiones. Al no producirse ningún cambio significativo, nuestras vidas se vuelven monótonas y empezamos a deteriorar nuestra forma de pensar, de movernos y de sentir.

Cuando encontramos formas de hacer las cosas que nos funcionan, repetimos una y otra vez esos patrones. Y esto está bien, en parte. Necesitamos rutinas en las que poder confiar para afrontar nuestro día a día.

El peligro radica en que nos convirtamos en autómatas activando a diario los mismos circuitos.

Nuestro cerebro evoluciona cuando crea información nueva, y eso es lo que necesitamos para sentirnos vivos y entusiasmados.

Aprender cosas nuevas: un deporte nuevo, tocar un instrumento, atrevernos a creer en lo que parece imposible, no limitarnos a nuestro saber del presente.

¿Cómo podemos gozar de vitalidad sin importar la edad, los síntomas físicos o la etapa de la vida?

Movimiento. Cuando introducimos nuevos patrones de movimiento- y más si combinamos esto con una atención consciente- el cerebro empieza a crear miles, millones e incluso miles de millones de conexiones neuronales nuevas. Esto se traduce en:

• Pensamiento más claro

• Facilidad de movimiento

• Reducción del dolor

Variación. Atreverse a probar diferentes formas de moverse, pensar, sentir, actuar…con todo ello abrirás las nuevas puertas.

Metas flexibles. Abrirse a nuevas oportunidades de manera flexible, con una actitud abierta, aceptando errores, desaprendiendo lo que no nos sirve.

Imaginación y sueños. Son potentes herramientas. A menudo, a medida que envejecemos nuestra capacidad de imaginar y soñar disminuyen, pero como todo, podemos entrenar estas habilidades.

Los sueños pueden ayudarnos a crear lo que todavía no existe, pueden ayudarnos a deconstruir creencias, y nos pueden conducir a un futuro todavía por descubrir.

Toma de conciencia. O lo contrario a vivir como un autómata o vivir dormido. Tomar conciencia significa que estás aquí y ahora. Es una habilidad a desarrollar a lo largo de nuestra vida.

Cuando somos concientes podemos vivir más alegres y despiertos, con energía renovada, y con una sensación de bienestar muchas veces olvidada desde la infancia.

Desde aquí te animo a que practiques con rutinas sencillas. Si no te es fácil aprender un nuevo deporte o tocar un instrumento, seguro que sí puedes incorporar pequeños hábitos en tu día a día.

Por ejemplo, haz una lista de cosas que te parezcan imposibles, cambia de ruta cada mañana cuando te diriges al trabajo, si eres diestro escribe con la zurda o al revés pon conciencia en el aquí y ahora, sólo en el presente.

Total, ¿qué pierdes por probar?

Marta Giner Peñalba

 
 
 
 
 
 
 
 

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