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Psicología, Bienestar, crecimiento y desarrollo personal

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Tomar y soltar con alegría

 
 
 
 

“La felicidad consiste en tomar con alegría lo que la vida nos da y en soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita” (San Agustín).

O como dice Joan Garriga, “el secreto de la buena vida consiste en saber ganar sin perderse a uno mismo y en saber perder ganándose a uno mismo”. Es decir, saber ganar y saber soltar con alegría, manteniendo el sentido y el centro de uno mismo.

Soltar, a veces es difícil, muy difícil. Estamos acostumbramos a tomar, a coger, a ser felices con lo que recibimos de fuera, lo que nos viene dado. A ser felices en función de…en función de si se cumplen nuestros deseos. Pero que nuestra felicidad dependa de eso es harto ambicioso por nuestra parte.

El soltar cuesta. Tendemos a aferrarnos, a “engancharnos”, a ser dependientes de cosas, relaciones, hechos, personas e incluso, a veces de enfermedades, porque con frecuencia el soltar, el dejar ir, implica transitar el dolor de la pérdida, el vacío…

Como dice el libro del Eclesiastés “Todo tiene su tiempo bajo el sol, su tiempo el nacer y su tiempo el morir, su tiempo el plantar y su tiempo el arrancar lo plantado, su tiempo el amar y su tiempo el aborrecer, su tiempo el edificar y su tiempo el destruir”.

La mayor parte de las veces deseamos estabilidad, permanencia, tener el control sobre las cosas, pero la naturaleza de la vida es otra. La naturaleza de la vida es cambiante y debemos confiarnos a ella para poder nutrirnos y crecer como personas.

En una ocasión le dije a una mujer muy sabia, terapeuta reconocida, que estaba bien si las cosas iban como yo quería que fueran. ¡Ah claro!, me dijo.

Si eso no era así, si las cosas no iban como yo quería, sentía el dolor, el vacío… y los transitaba, los dejaba fluir. Y cuando eso sucedía el dolor desaparecía y me sentía más grande, más empoderada.

Tomé conciencia de que la base de todo es la aceptación. O lo que es lo mismo, que la no aceptación es la base de todo sufrimiento. A veces la vida nos trae cosas que está en nuestra mano cambiar, pero muchas otras veces no. Sólo podemos cambiar nuestra disposición, nuestra actitud, nuestra voluntad. Cuando no aceptamos algo, cuando no integramos bien una pérdida y nos mantenemos tiempo aferrados a ella, el dolor no fluye y nuestra energía permanece paralizada. Y eso es lo que nos conduce al sufrimiento. No nos liberaremos del mismo mientras sigamos aferrándonos a eso.

Es con el proceso de liberar y soltar con lo que volveremos a la fuerza de la vida.

Practicar la máxima de San Agustín supone un gran reto espiritual. La aceptación de las carencias, de los fracasos, de los miedos, de las vicisitudes que a veces nos trae la vida…conlleva largos procesos emocionales.

Significa poder llegar a nuestro centro, a nuestro bienestar, sintiendo- al final- que todo está bien, abrazando todo lo que la vida nos trae. Las ganancias y también las pérdidas. Si lo conseguimos estaremos más cerca de una felicidad más duradera, más consciente, más cerca de nuestra esencia y más lejos de nuestro ego. No dejando que éste nos eclipse. Con ello generamos oportunidades de libertad, madurez y futuro.

Marta Giner Peñalba

 
 
 
 
 
 
 
 

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